¿le cuesta vestirse, recortar o estarse quieto? señales para ver a una terapeuta ocupacional domingo 25 de octubre · 10 min de lectura
Abrocharse el abrigo, recortar una ficha, sentarse a cenar sin levantarse cinco veces o aguantar la etiqueta de la camiseta. Son cosas pequeñas del día a día, pero cuando a un peque le cuestan mucho más que a otros de su edad, pueden convertirse en una fuente de frustración en casa y en el cole. Muchas familias no saben que existe una profesional que trabaja justo eso: la terapeuta ocupacional infantil. En este artículo os contamos, por edades, qué señales conviene observar, cómo entender el procesamiento sensorial sin tecnicismos, qué juegos podéis hacer en casa y cómo es una valoración.
Lo cotidiano también se aprende Vestirse, comer con cubiertos, coger bien el lápiz, subir escaleras, jugar en el parque o mantener la atención sentado en clase parecen cosas que «salen solas». En realidad, detrás de cada una hay mucho aprendizaje: fuerza en las manos, coordinación, equilibrio, planificación de movimientos y una buena gestión de lo que el cuerpo siente.
La terapia ocupacional trabaja precisamente eso: las ocupaciones del día a día. En el caso de los peques, sus ocupaciones son jugar, aprender, cuidarse y relacionarse. Si queréis conocer la profesión más a fondo, tenéis en el blog el artículo «qué es la terapia ocupacional». Este es su complemento práctico: aquí vamos a lo concreto.
El 27 de octubre se celebra el Día Mundial de la Terapia Ocupacional [VERIFICAR], y nos parece una buena ocasión para ayudaros a observar a vuestros peques con otros ojos, sin preocuparos de más pero sin dejar pasar lo que merece atención.
Antes de seguir, una idea importante: cada peque tiene su ritmo. Las señales que os vamos a contar son orientativas. Una sola, de forma aislada, no significa nada. Lo que conviene mirar es si varias se repiten, si duran en el tiempo y si están haciendo que el día a día sea más difícil para él o ella o para la familia.
Señales de 3 a 6 años En infantil, muchas de las señales aparecen en momentos muy concretos: al vestirse por la mañana, en la mesa, en el parque o con las fichas del cole. Estas son algunas que merece la pena observar:
Un ejemplo muy habitual: un peque de cuatro años que cada mañana llora al ponerse los calcetines porque «le pican», que en el cole evita la mesa de plastilina y que en los cumpleaños se esconde debajo de la mesa cuando suena la música. Por separado no son nada raro; juntas, y de forma continuada, es una buena razón para consultar.
Coge el lápiz o las ceras con todo el puño, o cambia de mano constantemente, más allá de lo esperable para su edad. Le cuesta mucho hacer la pinza con los dedos para coger cosas pequeñas, como una pasa o una cuenta. Recortar es una batalla: no sabe cómo colocar las tijeras, rompe el papel o lo evita siempre. Necesita mucha ayuda para vestirse y desvestirse, ponerse los zapatos o subirse la cremallera, y se frustra mucho al intentarlo. Rechaza con fuerza ciertas texturas: la ropa con costuras o etiquetas, mancharse las manos con pintura o arena, o muchos alimentos por su textura. Le molestan mucho los ruidos que a otros no les afectan, como la batidora, el secador de manos o el bullicio de un cumpleaños, y se tapa los oídos o llora. Se cae a menudo, choca con los muebles o le cuesta aprender a saltar, a pedalear o a subir escaleras alternando los pies. Señales en primaria En primaria las exigencias cambian: hay que escribir más, organizarse, estar más tiempo sentado y seguir el ritmo en educación física. Algunas señales que pueden aparecer:
A esta edad, además, muchos peques empiezan a compararse con sus compañeros. Si escucháis frases como «yo es que soy malo escribiendo» o «no quiero ir a gimnasia», merece la pena prestarle atención, porque hablan también de cómo se siente.
La letra es muy difícil de leer, con tamaños irregulares, o aprieta tanto el lápiz que rompe la punta o le duele la mano. Se cansa enseguida al escribir y los deberes que a otros les llevan veinte minutos a él o ella le llevan una hora. Le cuesta organizarse: pierde el material, no sabe por dónde empezar una tarea o la mochila siempre es un caos. En educación física parece torpe: le cuesta coger o lanzar una pelota, saltar a la comba o seguir una secuencia de movimientos. Se mueve constantemente en la silla, se balancea, se tumba sobre la mesa o necesita levantarse a menudo. Sigue teniendo dificultades con tareas de autonomía, como atarse los cordones, cortar la comida o abrocharse los botones. El procesamiento sensorial explicado fácil Todos recibimos información constante a través de los sentidos: lo que vemos, oímos, tocamos, olemos y saboreamos, pero también cómo se mueve nuestro cuerpo y dónde está en el espacio. El cerebro organiza toda esa información para que podamos responder de forma ajustada. A eso se le llama procesamiento sensorial.
Imaginad que cada peque tiene un «volumen» interno para cada sentido. En algunos, ese volumen está muy alto, y en otros, muy bajo.
Cuando el volumen está muy alto hablamos de hipersensibilidad. El peque siente todo con mucha intensidad. Algunos ejemplos:
Cuando el volumen está muy bajo hablamos de hiposensibilidad. El peque necesita más estímulo para notar las cosas. Algunos ejemplos:
Muchos peques tienen mezclas: pueden ser muy sensibles al ruido y, a la vez, buscar mucho movimiento. No se trata de etiquetar, sino de entender qué necesita su cuerpo para estar tranquilo y disponible para aprender y jugar.
Una etiqueta en la camiseta le resulta insoportable. El ruido del comedor le agobia tanto que no consigue comer. Le molesta que le peinen, que le corten las uñas o que le laven la cara. Evita columpios o toboganes porque el movimiento le da miedo. Busca moverse sin parar: saltar, girar, trepar, tirarse al suelo. No parece notar que tiene la cara sucia o que se ha hecho daño. Toca todo, se mete objetos en la boca o aprieta mucho al abrazar. Habla muy alto o hace ruidos constantemente. Cuando «no se está quieto» El título de este artículo no es casual: «no se está quieto» es una de las frases que más escuchamos. A veces, que un peque se mueva mucho tiene que ver con cómo su cuerpo procesa el movimiento. Moverse le ayuda a «despertarse» y a concentrarse, aunque desde fuera parezca justo lo contrario.
Por eso, a veces, pedirle que se esté quieto no funciona tanto como darle formas de moverse que no interrumpan. Por ejemplo, dejarle hacer los deberes de pie, sentado en un cojín inestable o con pausas cortas para dar unos saltos. La terapeuta ocupacional puede ayudaros a encontrar lo que mejor le funciona a vuestro peque.
Cómo acompañarle cuando algo le cuesta Cuando una tarea se atraganta cada día, es fácil que en casa aparezcan las prisas, las broncas o el «déjalo, ya lo hago yo». Es completamente comprensible, pero hay formas de acompañar que ayudan más. Estas frases os pueden servir tal cual:
Fijaos en que todas reconocen lo que siente el peque y le ofrecen una salida, en lugar de quitarle importancia o hacerlo por él.
«Veo que los botones hoy están difíciles. ¿Probamos juntos el primero y el siguiente lo haces tú?» «Sé que esa etiqueta te molesta de verdad. Vamos a buscar una solución.» «Tu cuerpo necesita moverse un poco. Da cinco saltos de rana y volvemos a la ficha.» «No pasa nada si la letra no sale perfecta. Me fijo en lo mucho que te has esforzado.» Juegos para casa No hace falta material especial ni convertir la casa en una consulta. Muchos juegos de toda la vida trabajan justo las habilidades que hemos visto. Os dejamos algunas ideas:
Si queréis montar un circuito sencillo, podéis seguir estos pasos:
Plastilina o masa casera: hacer churros, bolitas, aplastarla con los dedos o esconder dentro pequeños objetos para que los encuentre. Fortalece las manos y los dedos. Pinzas de la ropa: tender calcetines en una cuerda, colgar pinzas en el borde de una caja o usarlas para coger pompones. Es un ejercicio estupendo para la pinza. Circuitos por casa o en el parque: pasar por debajo de una mesa, saltar cojines, caminar sobre una cuerda en el suelo, reptar como una serpiente. Trabajan el equilibrio, la coordinación y la planificación de movimientos. Cocinar juntos: amasar, untar, verter líquidos, pelar una mandarina, cortar plátano con un cuchillo de punta redonda. Además de la motricidad, ganan autonomía y se sienten mayores. Juegos de mesa con piezas pequeñas, ensartar macarrones en un cordón o hacer pegatinas. Elegid un espacio despejado, como el pasillo o el salón con los muebles apartados. Preparad cuatro o cinco estaciones con lo que tengáis: cojines, una silla, una cuerda, una caja. Explicadle el recorrido haciéndolo vosotros primero, despacio. Dejad que lo repita varias veces y, cuando lo domine, que invente él una estación nueva. Terminad con algo tranquilo, como tumbarse sobre una manta y «convertirse en un bocadillo» con otro cojín encima. Consejo meraki: si a vuestro peque le cuesta vestirse por la mañana, practicad por la tarde, cuando no hay prisa. Convertidlo en un juego de disfraces: ponerse una camisa de papá con botones grandes, una chaqueta con cremallera gorda o unos calcetines muy holgados. Lo que se aprende jugando, luego sale con más facilidad en el día a día.
Cuándo consultar a una terapeuta ocupacional infantil Os recomendamos consultar a una terapeuta ocupacional infantil si reconocéis varias de las señales que hemos contado, si duran en el tiempo, si están generando mucha frustración al peque o tensión en casa, o si desde el colegio os han comentado algo parecido. También si, simplemente, tenéis la sensación de que algo le cuesta más de lo que debería y queréis salir de dudas.
Consultar no significa que haya un problema. Muchas veces la valoración sirve para entender mejor a vuestro peque, recibir unas pautas sencillas y quedaros tranquilos.
Cómo es una valoración Sabemos que la primera vez puede dar un poco de respeto, así que os contamos cómo suele ser el proceso:
Si se decide hacer intervención, las sesiones se basan mucho en el juego, y la familia recibe ideas para trabajar en casa. Cada peque avanza a su ritmo, y por eso no hay plazos iguales para todos.
Primera cita. Es un espacio para escucharos: qué os preocupa, cómo es vuestro peque, cómo son sus rutinas y qué os han comentado en el colegio. En centro meraki empezamos siempre con esta primera cita. Observación. La terapeuta ve a vuestro peque en acción, casi siempre jugando: cómo se mueve, cómo coge los objetos, cómo reacciona a diferentes texturas o sonidos. A veces se usan cuestionarios para las familias y el colegio. Objetivos. Con toda esa información se acuerdan, junto a vosotros, unos objetivos concretos y del día a día. Por ejemplo, vestirse solo por las mañanas, recortar una figura sencilla o aguantar sentado el tiempo de la comida. Coordinación con el colegio. Cuando la familia lo autoriza, la terapeuta puede ponerse en contacto con el tutor o la tutora para compartir pautas y que todos vayan en la misma dirección. En el colegio El colegio es un gran aliado. Podéis pedir una tutoría y compartir lo que observáis en casa. Algunas adaptaciones sencillas que suelen ayudar son sentarle cerca del profesor y lejos de la puerta si le distrae el ruido, permitirle pausas de movimiento, darle más tiempo en tareas de escritura o usar un adaptador de lápiz.
Una forma sencilla de plantearlo en la tutoría:
«En casa hemos visto que le ayuda moverse un poco antes de concentrarse. ¿Creéis que podría hacer una pequeña pausa en clase?» Lo que más importa Detrás de un peque que se enfada al vestirse, que evita recortar o que no para quieto, casi siempre hay un peque que está haciendo un esfuerzo enorme. Mirarlo así cambia mucho la forma de acompañarle. Con paciencia, juego, un colegio que colabora y, si hace falta, el apoyo de una profesional, lo cotidiano puede volver a ser más fácil para toda la familia.
Preguntas frecuentes ¿qué diferencia hay entre una terapeuta ocupacional infantil y una fisioterapeuta? La fisioterapia se centra más en el movimiento y en el cuerpo desde el punto de vista físico. La terapia ocupacional se centra en las actividades del día a día, como vestirse, escribir, jugar o comer, y en todo lo que el peque necesita para hacerlas con autonomía, incluido el procesamiento sensorial.
¿a partir de qué edad se puede ir a terapia ocupacional? No hay una edad mínima. Se puede consultar desde los primeros años si hay dificultades en el desarrollo, y también en primaria o más adelante. Cuanto antes se resuelven las dudas, más fácil es acompañar.
¿mi hijo necesita un diagnóstico para ir a una terapeuta ocupacional? No. No hace falta tener un diagnóstico previo. Muchas familias consultan porque observan dificultades concretas en el día a día, y la valoración sirve precisamente para entender qué está pasando y cómo ayudar.
¿es normal que un peque rechace la ropa con etiquetas o mancharse las manos? Muchos peques tienen preferencias, y eso es normal. Conviene consultar si el rechazo es muy intenso, se repite en muchas situaciones y está afectando a su día a día o al de la familia.
En centro meraki: Terapia ocupacional en Coín · Pedir cita